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Resiliencia

Por Ernesto Borda.

Hacíamos la singladura de Barú a Tintipán, la primera de nuestra travesía de Semana Santa. El viento de través nos llevaba a 9 nudos. Buena música y buena conversación colaboraban a la emoción de portar el gennaker en tales condiciones de mar. La sorpresa llegó con la pérdida del timón -después sabríamos, al hacer la arqueología de la nave, que se trataba de la rotura de una guaya-.  El términos de su magnitud, establecida al correlacionar las posibilidades de ocurrencia y los impactos causados, el que vivimos en aquel momento es el principal de los riesgos de la navegación a vela. Pero cada uno de los tripulantes supo de inmediato como proceder. Las maniobras en las velas fueron impecables, como fue precisa la puesta en funcionamiento de la caña de emergencia. Pronto volvieron la calma, la recuperación del rumbo, la música, los espirituosos y la diversión. Ratifiqué una vez más lo que en Trust tanto predicamos: el riesgo real depende de tener o no la capacidad de cumplir los objetivos en contextos cambiantes. Al amanecer del lunes, cinco mentes y ocho manos hicieron un trabajo en equipo envidiable en cualquier sinfónica (las mías no cuentan por lo torpes). Alicates y destornilladores, Houdinis capaces de entrar y escapar por cualquier hueco, brazos y caras engrasadas, cabos improvisados, artistas de nudos, y en especial el ingenio y buen ánimo, fueron los ingredientes esenciales de la reparación del navío. Estoy seguro de que quedó como para Cabo de Hornos!  Hubo algún sobresalto más en el camino. Ahora, al atracar de nuevo en buen puerto, queda la moraleja de prepararse más para responder a los desafíos de la incertidumbre.

Abril de 2105

Islas del Rosario

En El Galileo

Janneau 40

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