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PREMIO MARZO 12

Por Carlos Gallón.

PREMIO MARZO DOCE

Hasta 1996, la navegación en Tominé era dominada por la clase Ligthning. La seguían los navegantes de 420, Snipe, Laser, Sunfish y Optimist.

Pero al embalse habían comenzado a llegar unos botes un poco más grandes, entre los cuales destaco los siguientes:

El Zeus, traído por Eduardo Herkrath de Cartagena el 10 de diciembre de 1992; el María Celeste, que fue de Mauricio Bernal, luego de Roberto Laignelet y hoy pertenece a Miguel Forero y Amparo Bretón de Forero; el Caminante del Viento, que había atravesado el Atlántico en 1992, tripulado por el capitán Franco Ospina y que fue adquirido por Mauricio Bernal; el Bambina 2 de Carlos Enrique Galeano; el Tsunami, que perteneció originalmente a Roberto Uribe, quien lo trajo de Cartagena y que luego cambió su nombre a Marzo Doce, porque sus nuevos propietarios, Pedro Latiff y yo cumplimos los mismos años ese (este) mismo día; el Go Bare, importado por Luis Eduardo Barón, quien se lo vendió a Oscar García; el Afffair, traído de Tota por Carlos Fonnegra, quien después se lo vendió a Miguel Forero.

El 4 de septiembre de 1996 se comenzó a construir en la finca La Guaca el bote La Escandalosa, de Felipe Andrade, un Bristol Channel Cutter de madera, sin lugar a dudas el barco más hermoso del embalse, que terminó de ser armado en el club El Portillo y que escandalosamente dio a luz el 19 de diciembre de 1999 en el astillero denominado Atarazana Barcos de Roberto Laignelet.

También aparecieron otros botes como el Téofilo 2, un Mcgregor de propiedad del capitán Hernando Ardila, rebautizado luego como Marino cuando lo adquirió Federico Rengifo y que hoy pertenece a Julio Garzón; el Tota, de Mauricio Niño, traído de la laguna de Tota, hoy de propiedad de Carlos Fonnegra y de sus hijos; el Camerus que luego cambió su nombre por Eros, de propiedad de Santiago Douat; y el  Plátano, que pertenecía al capitán Mauricio Bernal y que fue adquirido por Ignacio Romero y su esposa Deisy Berendt.

Estos botes los usábamos para pasear, para ir a la isla sur, al cementerio indígena, a un lugar denominado Cholón, a la isla norte, a las termales del noroccidente del embalse y para hacer carreras de observación.

En 1997, se unieron al grupo otros veleros como el Arcadia, traído desde Santa Marta por Ernesto Borda, quien luego se lo vendió a Humberto Cepeda; el Tranquilo, que reposaba en las instalaciones del Portillo, fue adquirido por Arturo Vélez y fue restaurado totalmente por Atarazana Barcos, bote que ha sido tripulado casi siempre en las regatas por el capitán Ricardo Herrera; y el Manuela, que también reposaba en el CNP y fue adquirido por Bernardo Morales;

Sin acta de fundación, estos barcos comenzaron a ser tenidos en cuenta como clase cruceros en la regata Obregón que organiza todos los años el Club Náutico Muña. El 8 de diciembre de 2001 logramos reunir diez veleros y nos dimos cuenta de que una nueva pasión había contaminado nuestros sentimientos. A comienzos del año 2002, un viernes por la noche, en el apartamento de Hernando (Pipo) Ardila y su esposa, nos reunimos los patronos y tripulantes de los barcos grandes y decidimos organizar una regata cada mes. Designamos a Amparo Bretón como primera Comodora de la Clase Cruceros y desde entonces hemos venido celebrando el penúltimo sábado de cada mes nuestra consuetudinaria regata mensual.

En 2004 aparecieron el Catalina 22, Nessie, de Juan Doig, hoy de Miguel Silva; el Huerequeque, de Juan Doig y de Johann Roessel; y el Vuelo, un J80, de Alvaro y Hernando Ramírez; en 1995 llegaron los Flamingos Berretín, Pirarucú y Clavileño; en 2006 llegaron el Voilá, el Calamarí, el Ola Kala y el Norfalia.

Después cayó el dólar a precios que jamás se habían visto, por debajo de los 1700 pesos. Esta revaluación puede haberle causado mucho daño al país, pero abrió la posibilidad de importar barcos a muy buenos precios. A partir de entonces, el embalse empezó a recibir un número importante de veleros Catalina, de 22, 23 y 25 pies, veleros J24 y J26, un Cape Dory, un Colgate y varios Bavaria. La mayoría de estos botes nuevos tiene interesantísimos nombres en inglés y en francés, lenguas que no domino. Por ello, y para no extenderme en una larga enumeración que de pronto puede ser interrumpida por interminables aplausos o de rechiflas por mi pésimo acento, voy a abstenerme de mencionarlos expresamente.

Lo que sí quiero destacar es que la regata de cruceros que se corrió la primera vez con la tímida participación de diez botes registra hoy inscripciones de 48 veleros, como ocurrió el pasado mes de febrero y de 45 veleros, como ocurrió el día de hoy.

Amparo Bretón duró cinco años como Comodora y fue remplazada por Miguel Forero, quien estuvo cuatro años; en esa época no solo hacíamos regatas sino también “fregatas”, en las que premiábamos al que lograba llegar de último. Miguel fue relevado por Luis Jorge Martínez y luego un grupo de navegantes que decidió ponerle más reglas al juego creó un comité que se autodenominó comité clase cruceros, en el que obviamente quedaron incluidos Francisco Castillo y Andrés Iriarte; luego aparecieron Giovanni Granada y Jorge Hernández y seguramente más adelante otros navegantes asumirán la coordinación de este encuentro mensual.

Este año 2016 podemos conmemorar por lo menos 15 años de haber corrido la primera regata y de haber fundado casi sin proponérnoslo la clase cruceros. Hoy tenemos una marca denominada Cruceros Tominé.

El día de hoy, Pedro Latiff y yo también estamos conmemorando un poco más de 60 años de haber nacido y 20 años de haber comprado el velero Tsunami, al que le cambiamos su nombre por el de marzo doce.

Por este motivo nos hemos unido a los patrocinadores de esta regata para entregar el premio marzo doce a los barcos que hayan ocupado los puestos que corresponden al tercer mes del año y al décimo segundo día del mes de marzo, es decir, al tercero y al décimo segundo puesto de cada una de las clases Verde y Amarilla.

Carlos Gallón.

Sesquilé, 12 de marzo de 2016