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Memorias del viento: la casa de Toby y el trailer picapiedra, objetos célebres en nuestra historia

 

En cada época, la juventud crea su propio lenguaje coloquial: su manera de
establecer su presencia y expresar las diferencias de su forma de ver el
mundo con respecto a sus mayores. Lo que en Bogotá hoy se podría llamar
“ochentero”, “oldstyle” o “viejaguardia”, en los comienzos de los años 70
del siglo pasado, de una forma mucho más dramática, se llamaba
“picapiedra”. Antes de que existieran computadores personales, celulares o
internet, la forma para indicar que algo estaba pasado de moda era,
sencillamente, enviarlo de forma directa a la edad de piedra.
En una divertida y maravillosa conversación de los señores Jaime
Loboguerrero y Álvaro Sanjinés con el actual comodoro del Club, Giovanni
Granada, los recuerdos afloran como anécdotas: entre risas y sonrisas se
recrean la filosofía, las vicisitudes, las alegrías de todos los eventos que
dieron origen al Club Náutico El Portillo y las circunstancias que los
rodearon. Desde luego, el Lightning de Gonzalo Reyes es probablemente,
junto al Fireball del propio Jaime Loboguerrero, uno de los veleros más
emblemáticos.
Luego de una célebre y seguramente muy emotiva discusión, Gonzalo
Reyes, uno de los ingenieros recién egresados de la Universidad de Los
Andes que marcaron el origen del Club, decide intempestivamente retirarse
del Club Náutico del Muña. Pero no en el siguiente mes, ni en las próximas
semanas, sino de inmediato: en ese mismo momento. Se sube en su
Lightning y parte en él para siempre, sin tener siquiera un sitio en el que
anclarlo y ponerlo a resguardo. Lo abandona cerca al hospicio en el otro
lado de la represa, y solo después de varios días logra la ayuda de su amigo
Jaime Loboguerrero, para remolcarlo a un lote que recientemente les había
sido adjudicado para la próxima ubicación del Club.
En las propias palabras de Loboguerrero: “El hecho interesante es que
cuando ya teníamos asignado el lote, entonces no teníamos sede. Pero ya
teníamos la lancha. Habíamos comprado la lancha. Entonces, el problema
era dónde guardábamos lo que había: la seguridad. Estábamos angustiados
porque se iban a robar todo.
Hablando en una de las reuniones, al comienzo del Club, yo recuerdo mucho
que alguien mencionó que tenía una palanca en CCA -Compañía
Colombiana Automotriz-, y allí nos podían regalar todos los guacales que
quisiéramos.
Entonces, fuimos con un camión, recogimos los guacales y nos los llevamos
a los galpones de la cervecería antigua y ahí los depositamos. Con Fabio
Castrillón, con Juanito Caicedo, con …no sé si tú estabas ahí …” dice,
refiriéndose entre risas a Sanjinés, quien le responde con su tono firme y
sarcástico
– “Claro: Mi papá regaló también unos guacales. Él tenía unos guacales
de una maquinaria que le habían traído de España”
– El hecho es que recogimos toda la madera que pudimos. Y eso con
martillos y vainas desbaratamos todo y llenamos un camión de
madera. Y con eso hicimos una “casa de Tobi”, ¿recuerdan a Tobi, el
de La Pequeña Lulú?
– Una casa de madera
Su conversación continúa fluyendo y generando chispas brillantes en sus
miradas, incentivada en ocasiones por los comentarios de Giovanni Granada,
divertido con la figura de Don Abundio: el primer empleado del Club. Un
lanchero del río Magdalena que en esa época se encontraba desempleado y
vio su llegada a la sabana de Bogotá como una nueva oportunidad. Llegó
del Tolima en camiseta, y así se enfrentó con el frío de hace cerca de 50
años que helaba Sesquilé; un hombre confiable y querido que dormía en esa
casa de madera construida con sus propias manos por algunos de los
fundadores del Club como su primera sede, cuidando el motor de la lancha
y la flota entera de la naciente institución: esa lancha, el velero de Rudy, el
Fireball de Jaime Loboguerrero y el Lightning de Gonzalo Reyes, que para
ese momento ya tenía un soporte para su desplazamiento:
– El Lightning tenía un tráiler picapiedra.
– Un carrito chiquito
– Un carro de madera, con ruedas de madera … como de Los
Picapiedra. Se llamaba “el tráiler picapiedra”, y así se conoció durante
muchos años.
El tiempo transcurre de una manera increíble: mientras pasan solo unos
minutos en la conversación, transcurren muchos años en la historia del
cambio, el crecimiento y evolución del Club. O, por el contrario, la
explicación de un momento, una frase o una situación que ocurrió en pocos
segundos en algún momento toma un largo rato. Lo que flota de manera
constante en el ambiente, a través de las historias y los minutos de
conversación, es la actitud sin complicaciones, el genuino humor bogotano,
y la firme intención de abarcarlo todo: una actitud que se ha visto reflejada a
través del tiempo en las diferentes etapas de desarrollo del Club, que ha
sido generadora del impulso que lo caracteriza y que ha marcado su
crecimiento y sostenibilidad hasta estos tiempos.
El primer comodoro del club le sigue contando al actual, con la complicidad
de su compañero en ese viaje desde el propio comienzo -quien también ha
sido comodoro- historias en las que se entremezclan las personas, los
barcos, las situaciones y el contexto de algunos de los momentos más
relevantes, como por ejemplo el de la creación del logotipo actual del
Club: el símbolo que lo identifica desde hace cerca de 40 años.
Su creador es Gabriel Anzola, un navegante muy bueno y dedicado de
Snipe, excelente arquitecto y reconocido profesor de arquitectura en la
Universidad de Los Andes, poseedor de un temperamento explosivo y una
rectitud extraordinaria. Gracias a esa forma de ser, se retiró de una manera
abrupta del Club El Muña, como consecuencia de una tremenda discusión
en una reunión de planeación sobre actividades para el siguiente año. Al ser
aceptado en el Club Náutico El Portillo propuso la creación de un emblema
gráfico que presentó a la Junta y fue aprobado en su momento, como
reemplazo del que hasta ese momento manejaba el comodoro, en un sello
de caucho con la forma de un timón marino.

Como el tráiler picapiedra, la casa de Toby y ese sello de caucho hay objetos
inolvidables, situaciones relevantes y, sobre todo, amigos que han
entrelazado el hilo de sus vidas con el tejido del desarrollo del Club Náutico
El Portillo. De Don Abundio, esperamos conocer otras historias, así como de
los inicios del Club y sus momentos más relevantes. Las personas, los hechos
y las anécdotas que durante cerca de medio siglo se han unido para
construir el Club Náutico El Portillo están ahora en proceso de recopilación y
publicación, para que podamos conocerlas, consultarlas y disfrutarlas por
otro medio siglo y muchos más.

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