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Historias de rescates de Segundo Bermúdez

Indagando en la memoria, le pedimos a Segundo Bermúdez que nos contara anécdotas de situaciones de emergencia que hubiera vivido en sus cerca de 50 años de servicio. Con una claridad como si hubiera sido ayer, nos contó estas cuatro anécdotas de rescates que trascribimos a continuación:

Había un campeonato de Snipe y Roberto Londoño compró un barco brasilero en Cartagena. Era el año de 1987 y él estaba afiebrado porque acababa de comprar su barco. Un día se fue solo a navegar y salió hacia el lado de la Escollera. Cuando yo lo vi que se fue pero al rato no lo veía por ninguna parte, me fui. Claro! el bote estaba totalmente volteado y él estaba enredado en la escota de la mayor. Yo me acordé que tenía la navaja y levanté el borde del barco y lo apoyé en la lancha. Don Roberto me decía: “Segundo ayúdeme, sálveme, ya no puedo más!”. Yo le dije: “Tranquilo” y saqué la navaja y miré donde estaba enredado, corté la escota, traté de enderezar el barco y él salió pero ya estaba amoratado, fatigado, ya no podía más.

En el Campeonato Mundial de Lightning en Cartagena de 1987 también hubo otra historia. Yo estaba encargado de una lancha y Rafael Obregón salió a entrenar con su tripulación. Pasó igual, después de un tiempo yo veía sólo la parte blanca del casco y me fui a rescatarlo, a ver qué había pasado, pero no! había una ola la superberraca, un oleaje muy fuerte. Yo me hice por este lado del bote, contrario al lado por donde el bote estaba favoreciéndose con la ola, cuando no sé de dónde ni cómo vino una ola tan pero tan alta, que me pasó por encima del barco de un lado al otro. Y todos nos mirábamos y decíamos “pero qué pasó? Por qué aparezco yo al otro lado del bote?”

Acá en Tominé también hay mucha historia. En el primer campeonato de Sunfish que se hizo acá puro a principios de los años 80s, en el que eran 110 barcos, la laguna estaba alta y soplaba acá pero tremendo! Y en toda esta parte no se veían sino blanquear los cascos, todo el mundo se había volteado. Y recuerdo al Señor Carlos Ortiz papá, que a brazo salió al otro lado. Yo fui a ayudar a enderezar los barcos, porque no se podían enderezar los barcos, y a recoger la gente y yo echaba de menos a Don Ortiz: “dónde estará?” El Señor, que ya era viejo, estaba congelado allá al otro lado. Lo eché en la lancha y lo traje. La laguna estaba muy alta en ese entonces y el agua daba al pie de la carretera. Y lo recibieron, lo subieron y lo salvaron.

Otra vez estábamos sacando unos barcos y había una camioneta de un socio, una Renault 18 larga, tal vez era de Hernán Salcedo. Pues resulta que se desengranó, no sé qué le pasó, y bajó el carro sólo, cogió impulso hacia la bahía del norte, brincó y cayó al agua. Cuando fuimos al sitio, no se veía sino el techo. Lo amarramos con el tractor, sin que fuera a dar el bote y la fuimos halando despacio hasta que salió. Claro, hubo que secarla y cambiarle algunas cosas, pero no pasó nada grave.

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