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El Pantano de Martos, Vereda Monquentiva, Guatavita

Con motivo de la visita guiada al Pantano de Martos, el arqueólogo Álvaro Botiva preparó este texto que amablemente nos permite compartir. Un grupo de más de 30 socios y familiares asistieron a la visita y descubrieron no solo la belleza de la naturaleza, sino el contexto y la historia del lugar.

RECORRIDO POR LOS PÁRAMOS DE LOS MUNICIPIOS DE GUASCA Y GUATAVITA, CUNDINAMARCA

CARACTERÍZACIÓN DEL PANTANO DE MARTOS, VEREDA MONQUENTIVA, GUATAVITA

“Baño del Señor del Monte”. Antigua Laguna de Guasca. Hoy Parque de Vistahermosa.

Por Álvaro Botiva Contreras

Guasca Cundinamarca, 25 de Febrero de 2017

Amigo. Bien venido! La mejor riqueza de la vida en este momento es usted y por eso deseo compartirle este escrito realizado con la sencillez de un nativo, descendiente de los muiscas nacido en esta mágica tierra que produce el agua, para que sea comprensible. Viva la región del Guavio… Estamos en el páramo… disfrútelo!

El páramo se distingue por ser la culminación de las altas montañas con unas características muy particulares, la morfología, la altura, el frío, los humedales, el agua, el suelo, formado por una capa vegetal profunda, importante porque fija carbono. Por ello el paisaje del páramo junto con la diversidad de especies biológicas y el clima típico, es casi exclusivo de Colombia.

Los páramos sólo existen en las partes altas de los territorios de Venezuela, Colombia, Ecuador y en una pequeña parte de Costa Rica y Panamá. Son extensas regiones desarboladas que coronan las cumbres de las cordilleras por encima del bosque andino desde 3.000 metros hasta el nivel de nieve permanente a 4.700 metros sobre el nivel del mar.

El páramo se podría sintetizar como la alta montaña, fría, con agua, paz, silencio, plenitud, vida.

El nombre de páramo fue dado por los conquistadores españoles en el siglo XVI cuando llegaron a estas regiones altas, frías, cubiertas de neblina, agrestes, solitarias e inhóspitas; ya que les recordó anímicamente las tierras altas semiáridas de las mesetas ibéricas conocidas con dicho nombre. Aunque se trata de regiones fisiográficamente diferentes.

Por su parte, Guasca poblado por los Muiscas desde el siglo VIII hasta el siglo XVIII DC, significa en lengua chibcha “Cercado de los Cerros”, es decir, rodeado por montañas y páramos.

Del páramo de Guasca en la época colonial se extraía del árbol de Higuerilla (Ricinus communis), el combustible que se utilizaba para alumbrar por medio de lámparas de aceite. También fue famoso porque era abundante en Quina Amarilla, de donde se obtenía la quinina, para las fiebres. A finales del siglo XIX y comienzos del XX se extraía de la corteza del Encenillo (Weinmannia tomentosa), el tanino para la industria de curtir cueros.

En la época prehispánica, la Laguna de Guasca se encontraba en esta planicie con vegetación de páramo y bosque de niebla.

En la época colonial, el holandés Gonzalo Linnus Martos, encargado de la explotación de las minas de sal de Zipaquirá y Nemocón, desaguó la laguna, en busca de oro, por ser una de las cinco lagunas sagradas o adoratorios muiscas que describe Juan Rodríguez Freile en su libro El Carnero.

En la época moderna, en los años setentas del siglo XX, su propietario José Bermúdez, hizo con maquinaria especializada las zanjas y acequias del medio del pantano, amplió el canal perimetral y al enderezar el caucel del río Lagunero, eliminando los meandros, el agua tomó mayor velocidad, secando las aguas del pantano.

Los predios del Pantano de Martos y sus alrededores con 10.258 hectáreas, fueron adquiridos en 1.990 por la Gobernación de Cundinamarca.

El páramo de Monquentiva en Guatavita, declarado en Noviembre de 2016 ¨Parque de Vistahermosa” y el páramo de Guasca, que es parte del Parque Nacional Natural Chingaza, son santuarios del agua, de flora, fauna e historia.

La vegetación predominante es de pastos, arbustos de hojas pequeñas y gruesas y los típicos frailejones, plantas cubiertas de un raro revestimiento sedoso a veces blanco plateado con flores de color oro. Científicamente el género de los frailejones recibe el nombre de Espeletia, apelativo dado por el sabio José Celestino Mutis en honor al gobernante el Virrey José Manuel de Ezpeleta con el fin de obtener su apoyo para la expedición botánica.

En los bosques alrededor del páramo sobresalen árboles de encenillos, gaques, romeros y otros: florecen quiches, orquídeas, abundan los venados, los soches, guaches, tigrillos, osos, guaguas y curíes; lo mismo que las pavas, águilas, perdices, torcazas, pericos, pájaros de vistosos colores y recientemente se observan cóndores.

El páramo de Guasca tiene alturas de 3.550 msnm y forma una red hidrográfica amplia con el nacimiento de varios ríos hacia dos grandes vertientes: por el oriente la del Orinoco con riachuelos como el Juiquín, Balcones, el Tunjo; que forman las cabeceras del Río Guavio. Por el occidente la vertiente del Magdalena, con pequeños ríos de leyenda y mitos como el Pericos, Siecha, Chipatá, que al unirse con el río Chiquito al Aves, forman el Tominé, afluente del Bogotá y nombre del embalse.

Este pantano, que fue antiguamente una laguna, sigue siendo importante por ser hoy un humedal alto andino de la vertiente de la Orinoquía. El principal afluente en este sector es el Río Lagunero.

Las lagunas del páramo de Guasca como la de Martos, Fausto, la Joyanca, Siecha y Buitrago, junto con la Laguna Grande de Guatavita fueron escenario de ceremonias religiosas dentro del agua y en sus alrededores. Los picachos del páramo, las piedras y las grietas sirvieron como sitio de ofrenda a los dioses Muiscas: Peña Negra, Piedra de Sal, Peña Cuadrada, Peñas de Gigantes, etc. El Cerrito del Santuario, en la vereda La Floresta se dice, fue un observatorio astronómico donde los muiscas observaban el movimiento de la tierra con relación al sol, con el fin de divisar los solsticios y equinoccios, las épocas de verano y de invierno, de fundamental importancia para el conocimiento de la siembra y la cosecha.

El páramo para los muiscas era un lugar sagrado, lugar de paso, en estas montañas moraban sus muertos y vivían sus espíritus. En el páramo de Guasca se celebrar el rito de Correr la Tierra y a lo largo de estas alturas de la Cordillera Oriental, en las lagunas glaciares, se hacían ofrendas a los dioses Muiscas.

El páramo de Monquentiva es parte del corredor de conservación que de Chingaza se prolonga hasta la Laguna de Guatavita. Algunos investigadores plantean que poseen más de 3.000 especies de plantas, 154 variedades de aves y 70 clases de mamíferos.

La elevación rocosa que se conoce como la Isla del Pantano de Martos, se localiza a los 4° 54´40.5” Latitud Norte y 73° 44´23.8” Longitud Oeste.

Ayude usted a la conservación de estos ecosistemas. Contribuya regionalmente a la adopción de medidas conducentes a la preservación de estos recursos que son parte de nuestro patrimonio natural y cultural.

Fotografías de Daniel Rozo

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