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El abrigo del mar

Por Ernesto Borda.

Especialmente intrusa, aquella noche la luna desplazaba las tinieblas, iluminaba la cubierta y plateaba la cresta de las altas olas, que podían divisarse aún a la distancia, evidenciando ante nosotros la inmensidad del mar. Era como si en lugar de navegar voláramos.  Unos cuantos estratos, como brochazos, pintaban el lienzo de un cielo claro, casi tan blanco como nuestra vela mayor.

Para aquel momento el silencio era una manera de comunicarse. Y así ocurrió por largo rato. Pero, como cuando uno “mata un diablo”, Juan Diego Escallón, mi compañero de guardia -que también lo es de casi todas las andanzas-, se escurrió por el tambucho y completó el esplendor del momento haciendo sonar melancólicos cantos de los independentistas corzos. Oh sinestesia! la plenitud y la dicha, el extraño abrigo que nos cobija en la soledad del mar.

Apuntábamos a barlovento. Con el pasar de las horas los vientos se hicieron más fuertes y las olas crecieron, al tiempo que lo hacía nuestro cansancio.  Al alba, una tardía revisión adentro prendió las alarmas. Imperceptible pero efectiva una vía de agua nos inundaba. Cambio de curso para reducir la escora, un grito a Gabriel Soto, que lo despertó de un sueño tan profundo como si se tratara del de un muerto; pronto en las manos de José David Serrano el balde y en las del resucitado la bomba de achique; ires y venires de arriba a abajo, rotación de roles y, tras el ajetreo, por fin conjurado el daño.

Restablecida la calma y recuperado el rumbo los cuatro de abordo, leal tripulación, disfrutamos el trayecto. Llegamos con el crepúsculo a Tintipán, exhaustos. Allí nos esperaban los del Arak y los del Emily I, compinches de la travesía.  Poco antes del arribo el mar nos regaló una sierra. Echada el ancla tras azarosas maniobras -más por culpa del cansancio que de cualquier otro asunto-, dimos cuenta del bicho. Aún la recuerdo como una de las mejores cenas en el mar. Las aguas quietas y esa luna centinela arrullaron nuestro sueño. La faena del día siguiente sería tenaz. Pero esa será otra historia.

Memorias del mar. Noviembre de 2016.