Blog

4 cosas que he aprendido de la Vela

Por Antonio Rojas Mayol.

Antonio “Toño” Rojas aceptó la invitación a compartir sus experiencias como navegante con los jóvenes optimistas que participaron en el Campeonato Nacional de Optimist en Octubre 8-11 del 2016 en el Club Náutico El Portillo en Tominé. Estas son las anécdotas que él nos quiso contar y que le han dejado enseñanzas en su vida tanto dentro como fuera del agua.

1. Vencer el miedo

Recuerdo un episodio que me causó miedo. Yo estaba empezando a navegar, era un jueves en Tominé y un grupo de 6 u 8 Optimist que veníamos a entrenar entre semana con Juan Carlos Herkrath. Habíamos decidido venir entre semana porque pasaba algo muy chistoso y es que entre semana hacía mucho viento y cuando veníamos los fines de semana preparados y listos a navegar, se acababa el viento. Entonces dijimos, qué aburrimiento, nosotros motivados viniendo a navegar el fin de semana y se iba el viento. Así fue cuando comenzamos a venir entre semana y entonces este jueves era uno de estos días y comenzó a soplar una tormenta. Había olas y eso que en Guatavita nunca hay olas, eso fue un poco intimidante. El grupo de 8 Optimist se explayó por toda la laguna mientras Juan Carlos, el entrenador, iba rescatando a todos, porque ninguno podía con el barco y yo en ese momento decía “Juepucha, mi barco lleno de agua, no puedo ni cazar la vela porque me volteo” y pensaba, no quiero más esta vaina, no quiero volver a navegar. Lo pensé mucho y dije “me sabe a cacho navegar, no me gusta para nada, yo no quiero”. Cuando me rescató Juan Carlos, porque nos tuvo que rescatar a todos, le dije así bravísimo, triste, con miedo, casi llorando: “Juan Carlos, yo no quiero saber nada más de la vela, a mí me sabe a cacho, yo no quiero volver a navegar nunca más en mi vida”. Esto fue en el año 2005.

Esta anécdota viene doble porque también muchos años después yo estaba corriendo un Mundial de Optimist en Uruguay y recuerdo que las condiciones eran como las que había vivido en Guatavita, pero muchísimo más fuerte porque en Montevideo sí que se levantan olas de 2 o 3 metros y era tal el viento, como de 30 nudos o más, que el comité de regatas decidió ponernos en tierra hasta que bajara un poquito el viento y pudiéramos salir a navegar. Y yo me acuerdo saliendo a ver cómo estaba el mar, fuimos con nuestro Equipo de Vela y empezamos a ver el mar intentando montarse encima de todo y decíamos “Miércoles! No, que susto yo no quiero salir a navegar, yo no quiero hacer esto” y cuando bajaron la bandera de aplazamiento, nuestro entrenador Chan Higuera, que ustedes lo conocen, nos dijo a Santiago Ramírez y a mí, que éramos los más pequeños: “Si ustedes no quieren salir a navegar, no se preocupen, frescos, se pueden quedar en tierra. Yo prefiero tenerlos en tierra tranquilos que tenerlos que rescatar en las piedras de Montevideo. No hay problema”. Y en ese momento, recordando lo que ya habíamos vivido en Tominé, Santi y yo nos miramos y nos dijimos: “Pues nada, nosotros vinimos a correr este campeonato y vamos a correrlo” Y finalmente ese día salimos a navegar, yo nunca había visto unas olas tan grandes, terminamos todas las regatas, lo logramos y volvimos a tierra, sobre todo, felices.

Entonces la primera anécdota es sobre como uno tiene que enfrentar sus miedos. Si yo en el 2002 no hubiera dicho al otro día: “está bien, me enfrento a mi miedo, yo quiero salir a navegar”, a pesar que estuviera muriéndome, probablemente yo no estaría acá, no hubiera corrido tantos campeonatos o no hubiera ido a tantos lugares o probablemente no tendría los amigos que hoy tengo. Y lo mismo pasó muchos años después en Uruguay. Y eso no solo pasa navegando, sino que pasa en la vida: hay que enfrentar los miedos.

Pregunta del público: Qué fue lo que lo hizo volverse a montar en el barco después de haber querido no navegar nunca más?

Es una buena pregunta, yo creo que lo primero es que yo amaba mucho navegar. Si uno ama una cosa, uno va por ella y si uno tiene un objetivo, pues al final siempre lo busca. Lo segundo, es que fui consciente desde muy pequeño que uno tiene que enfrentar esos miedos, porque si no, uno se va a quedar paralizado, incluso para una presentación en la universidad o para participar en una clase uno tiene que superar a veces el miedo que da. Entonces la vida es de enfrentar miedos y superarlos y al final uno se da cuenta que termina cualquier regata o campeonato así estén soplando 30, 40 o 50 nudos.

2. Aprender a tener adversarios, aprender a ganar y perder

La segunda anécdota es más chistosa y tiene que ver con ciertas travesuras, que pasaron cuando yo tenía su edad y estábamos navegando contra nuestros archirrivales de Medellín. En ese momento yo venía de ganar la Copa de los Andes de 2006 y el Nacional 2007 en Guatapé. Venía la Copa de los Andes 2007 en Tominé y el Nacional 2008 en Cartagena. Entonces en ese momento había mucha rivalidad porque yo estaba liderando la flota de Optimist pero al tiempo se estaba creciendo un gran rival que estaba amenazando mi reinado que era Esteba Echavarría de Medellín. Y entonces los dos grupos nos empezamos a polarizar tanto, a separarnos y a volvernos tan enemigos que no nos podíamos ver, no nos tratábamos bien. Y esto sucedió en el Nacional de Guatapé del 2007 cuando la tensión estaba muy alta yo iba ganando los primeros dos días de regatas y cuando íbamos a salir al tercer día de regatas. Si se acuerdan, hay unas cabañitas donde uno duerme y deja secando la ropa. Estábamos con todo el equipo de Cundinamarca y Bogotá, habíamos dejado nuestras cosas ahí secando y cuando faltaba una hora, nos estábamos cambiando y no encontrábamos nuestras botas de navegar. Entonces ya estábamos estresados y decíamos: “Miércoles, nuestras botas! que está pasando? tenemos que salir ya pronto”. Y en un punto dijimos: “estamos seguros que las dejamos acá, por qué no están nuestras botas?” Les dijimos a los papás y entrenadores y curiosamente nuestras botas fueron encontradas cerquita a las cabañas de los de Medellín y estaban llenas de carbón!

Entonces esta es una anécdota para contarles como la rivalidad va creciendo mucho y a veces uno como niño hace cosas que no son necesarias pero que son muestras de la rivalidad que uno está teniendo. Finalmente esto fue un problema pequeño que terminamos resolviendo, pero después en el siguiente año, en el 2008 en la Copa Colombia, nosotros como equipos de Bogotá y Cundinamarca nos estábamos quedando en el antiguo Centro de Vela en Cartagena. Era un lugar por donde pasaba cualquier persona, era público y dormíamos justo ahí. Volvió a pasar, estábamos durmiendo, eran las 10 de la noche, nos estábamos quedando dormidos. Yo estaba en el mismo cuarto con Juan Sánchez y en un momento escuchamos unas piedras en las ventanas, y golpes en las paredes, nos golpeaban y pensábamos de todo. El entrenador no estaba, estábamos solos, de un momento a otro comenzamos a ver fuego, una llama y nos asustamos. Nos salimos del cuarto y los otros también, nos imaginábamos lo peor, que se estaba metiendo alguien o había un incendio. Y de un momento a otro escuchamos unas voces, unas risas y nos dimos cuenta que nos estaban molestando. Salimos a ver lo que resultó siendo todos los de Medellín molestándonos, tirándonos piedras y haciéndonos literalmente bulliyng. Como la rivalidad había crecido tanto, nos organizamos y salimos a buscarlos, los perseguimos, los cogimos, paso de todo y… ni les cuento más. Al día siguiente se resolvió el problema.

Así era la rivalidad, Esteban me amenazaba mi reinado en la clase. Yo venía de ganar todo y en el último año yo me quería graduar ganándome todo lo que más pudiera, la Copa de los Andes y los Juego Nacionales 2008. Finalmente esos dos campeonatos los terminó ganando Esteban Echavarría que era mi archirrival junto con todas la travesuras que nos habían hecho y la tensión que era muy aburridora.

Acá va la enseñanza de la segunda anécdota: Yo al final perdí ese campeonato y me tocó decirle a Esteban, porque así es que se hacen las cosas: “Esteban, lo felicito, navegó mejor que yo y a pesar de todo lo que haya pasado, hay un hecho y es que usted fue mejor. Lo felicito de todo corazón”. Y de hecho hoy en día con Esteban somos buenos amigos y somos mejores rivales en la navegación a vela. En Optimist, la navegación me enseñó a tener rivales, me enseñó a saber perder y me enseñó a saber ganar, a pesar de todas las cosas que puedan venir detrás de eso.

3. La vela abre puertas

La tercera anécdota que les quiero compartir fue muchísimo tiempo después de haberme graduado de Optimist y fue hace un año y medio que yo estaba de intercambio en California. Estaba estudiando en una universidad que se llama UC Davis y llevaba ya dos o tres meses, pero ya me estaba empezando a aburrir porque no encajaba bien con los gringos, no estaba logrando tener amigos y todo ese tema cansón. Finalmente me di cuenta que la universidad tenía un equipo de vela entonces de una! lo primero que hice fue irme al equipo de vela. Ellos se reunían todos los miércoles, cuando llegué me presenté y me preguntaron si yo era patrón o tripulante. Yo dije que yo era patrón, pero no les quise decir que yo era campeón nacional, ni que había ganado tales campeonatos en Colombia, ni que había corrido mundiales, porque yo quería tener cierto perfil bajo. Y fue muy chistoso porque los gringos decían: “Este colombiano de donde habrá salido?” y cuando fuimos a navegar, en un lago más pequeño que le de Acuarela, en la primera regata, con un tripulante cualquiera, cogí la primera boya de primero, la segunda de primero y les gané la regata. La siguiente igual, primera boya de primero y gané la regata. Gané la tercera regata y todas las regatas de ese día. Y los gringos al final decían: “Quien ese este! Que nota que usted haya venido, lo vamos a meter al equipo!”. Y ahí gracias a eso, pude correr todos los campeonatos con ellos, viajamos por toda California con los gringos, navegué contra Stanford y Berkeley que son las mejores de Estados Unidos. Estuve en Los Ángeles, y logramos clasificar por primera vez en la historia de esa universidad al Campeonato Nacional de FJ que era en la costa Este. Aunque no lo pudimos correr, fue muy importante, ellos decían que era la mejor participación en la historia.

También logré tener una experiencia que fue de las mejores que he tenido gracias a la navegación y fue dar clases de vela a persona invidentes de escasos recursos en San Francisco. Como yo estaba compitiendo, conocí una persona que me ofreció ser instructor en un programa para personas ciegas. Entonces fui y le enseñé a navegar a personas ciegas en San Francisco debajo del Golden Gate, que uno ve en las películas, y fue una de las experiencias más chéveres que he tenido. Esa es la enseñanza que les quería dejar: la vela le abre a uno muchísimas puertas, entonces aprovechen esto que están viviendo.

Pregunta del público: Como hacían para navegar si son ciegos?

Ah bueno! Eso es muy chévere porque tú eras los ojos de ellos, tú los ayudabas a montarse al barco, era un barco grande, un J24, y les dabas el timón, la escota y les ibas diciendo todo: caiga, suba, caiga, suelte vela, cace vela, y no se imaginan estas personas, que además eran de escasos recursos, pasaban felices, era increíble y sentían el barco mejor que uno, es lo más impresionante. Si se empezaba a escorar el barco y ellos ya lo sentían y empezaban a soltar la escota, una cosa totalmente increíble. Entonces la vela me permitió tener esa experiencia.

4. La amistad que nos deja la vela

La cuarta anécdota es de la semana pasada. Y es que hice un viaje a la Guajira, un viaje en carro, lo más de chévere y pasé totalmente increíble. Con las personas que terminé haciendo este viaje desde Bogotá son dos personas que conocí en el mundo de la vela y que son básicamente de mis mejores amigos. Es la tercera enseñanza: las personas con las que comparten la vela, con las que se están codeando, las que están durmiendo y navegando, van a ser sus amigos porque están viviendo lo mismo, han vivido cosas muy especiales juntos. Esa es de las grandes cosas que le debe uno a la navegación, la amistad. Entonces estuve la semana pasada con mi amigo Pedro Mora que también es navegante y mi amigo gringo que es Daniel Baltazar que hice justamente en el intercambio y que vino a visitarme a Colombia. Es una de las cosas más importantes que nos deja la navegación: los AMIGOS.

GRACIAS POR SU TIEMPO

Antonio Rojas Mayol

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *